La fallida conferencia de paz en Zurich

Un estruendoso fracaso que no ha contribuido ni a la desescalada del conflicto y menos a la paz, que los firmantes reconocieron inviable sin la presencia de Rusia

Por Enrique Daza Gamba
03 de junio de 2024

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La fallida conferencia de paz en Zurich

La conferencia de paz realizada el pasado fin de semana en Zúrich fue un estruendoso fracaso. Quienes suscribieron la declaración final reconocieron que cualquier propósito de paz era inviable sin la presencia de Rusia y las únicas delegaciones importantes firmantes fueron las de los socios de la OTAN y sus satélites.

 

Desde que se derrumbó la Unión Soviética y se disolvió el Pacto de Varsovia entre 1990 y 1991, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, aunque había perdido su razón de ser ya que había sido creada para enfrentar al bloque soviético, comenzó su expansión hacia el este violando compromisos adquiridos.

 

La OTAN fue incorporando todos los países de la ex Unión Soviética, instalando dispositivos militares y habilitando la posibilidad de instalaciones nucleares en estos territorios. En 1999 se le unieron Polonia, Hungría y la República Checa, en 2004 se sumaron siete países más de Europa Central y en 2009, Albania y Croacia.

 

En 2008 Estados Unidos propuso incorporar a Ucrania, pero el gobierno ucraniano prefirió un estatus de no alineado. Tras el golpe de Estado de 2014, el nuevo gobierno ucraniano dio prioridad a su vinculación a la OTAN y en junio de 2021, en la conferencia de Bruselas, se estableció una hoja de ruta para su vinculación a dicha entidad.

 

Si se examinan los documentos estadounidenses de entonces, como los de la Corporación Rand, ya estaba claro que parte de la estrategia de Estados Unidos era el enfrentamiento con Rusia, su debilitamiento e incluso su balcanización. El planteamiento fue ratificado por las sucesivas estrategias de seguridad nacional formuladas por todos los últimos presidentes de Estados Unidos.

 

Las contradicciones internas en Ucrania

 

Simultáneamente, los acontecimientos en Ucrania evolucionaron en forma acelerada. El gobierno pro otanista lanzó una represión violenta contra los sectores sociales de origen ruso y rusohablantes que se ubican principalmente al este del país, en las regiones del Dombás, que reúne dos de las principales provincias del país y en Crimea, no compartían los enfoques gubernamentales y preferían un acercamiento a Rusia.

 

El peligro del acercamiento de la OTAN a las fronteras rusas y la represión sobre los habitantes de origen ruso precipitaron la intervención rusa y desencadenaron la guerra que sufre Ucrania en la actualidad.

 

Los esfuerzos por la paz frustrados por Occidente

 

Durante todo este proceso se hicieron varios intentos de aliviar las tensiones y llegar a acuerdos de paz. Primero se suscribieron los Acuerdos de Minsk, patrocinados por varios países europeos, en los cuales se prometió a las provincias rebeldes una autonomía dentro del marco del Estado ucraniano y un camino constitucional hacia la paz. Después se supo que ambos acuerdos, como lo confesaron Francia y Alemania, se habían firmado solamente para ganar tiempo mientras que se ayudaba al régimen de Kiev a prepararse para una guerra con Rusia.

 

A solo un mes de iniciadas las hostilidades se hicieron nuevas negociaciones en las cuales las partes llegaron a acuerdos que preservaban la integridad territorial de Ucrania, sobre la base de su desmilitarización y su neutralidad. De nuevo, pero bajo la presión de la OTAN, encabezada por Estados Unidos y Gran Bretaña, el gobierno ucraniano decidió no suscribirlos y, entusiasmado con un fuerte apoyo en dólares y armas, se embarcó en una guerra que está completando dos años y medio.

 

La correlación de fuerzas es inmensamente desfavorable a Ucrania, que ha perdido más soldados de los que tenía al comienzo de la guerra, cerca de 500-000 muertos del lado ucraniano. Ese país no hubiera podido mantenerse en ella de no ser por el apoyo masivo de la OTAN, que ha suministrado más de USD 300.000 millones en ayuda militar y económica, suma superior al PIB de Ucrania de 2022 y que cuadriplica el presupuesto militar de Rusia.

 

Poco a poco se han ido aclarando cuáles son los objetivos de Estados Unidos en la guerra. El senador Lindsey Graham señaló recientemente que Ucrania tenía activos naturales críticos de entre 10 y 12 billones de dólares y que no se les podían dejar esas riquezas a Rusia para que las compartieran con los chinos. Y en la Conferencia de Zúrich, la vicepresidenta Kamala Harris anotó en su discurso que Estados Unidos no estaba involucrado por altruismo sino por sus intereses nacionales estratégicos.

 

Un parlamentario alemán señaló que, para la transición energética, Europa necesita los yacimientos de litio de Ucrania, y el Washington Post dijo que los depósitos de carbón, carbón, gas y tierras raras que se concentran en los territorios que Rusia tomó son vitales para Occidente.

 

Esto ha puesto de presente que la causa de la guerra no es la lucha por la libertad y la democracia sino motivos mucho más prosaicos: los recursos de Ucrania y eventualmente la inmensa riqueza natural de Rusia, una vez sea balcanizada, como ya lo fue Yugoslavia.

 

La Conferencia de Paz del 15 y 16 de junio, después de dos años largos de guerra, lo único que hizo fue darle visibilidad a lo que Ucrania pidió desde el primer día, pero ya con un ejército derrotado, su economía arrasada y dependiendo exclusivamente de la ayuda extranjera que la sostiene con respiración artificial. En estas condiciones, Zelensky pide que Rusia se rinda.

 

Rusia ha elevado su precio y exige el reconocimiento de las realidades sobre el terreno y ratifica sus propósitos iniciales: Neutralidad, desmilitarización y desnazificación de Ucrania. Pero también reclama el levantamiento de las sanciones que Occidente le ha colocado.

 

De los 193 países de la ONU, 160 fueron invitados. Casi la mitad declinaron la invitación, incluida China y muchos países del Sur Global.

 

Muchos países que asistieron enviaron delegaciones de bajo nivel. Ninguno de los países de los BRICS y su periferia suscribió la declaración y países importantes tampoco enviaron a sus líderes, tales como India, México, Arabia Saudita, Sudáfrica y Emiratos Árabes Unidos. Catorce de los países que sí asistieron a la cumbre se negaron a firmar la declaración. Fueron Brasil, India, Sudáfrica, México, Armenia, Bahréin, Indonesia, Eslovaquia, Libia, Arabia Saudí, Tailandia, Irak, Jordania y Emiratos Árabes Unidos.

 

Hasta la noche anterior y durante varias semanas el presidente Petro había anunciado su asistencia a la Conferencia cuando todo el mundo sabía de qué se trataba. Solo apoyaron a Zelensky, de América Latina, el “progresista” Gabriel Boric, Javier Milei y Daniel Noboa de Ecuador firmes aliados de Washington, junto con Uruguay, Costa Rica, Guatemala y Perú. Los gobiernos de los países que firmaron representan el 20 % de la población mundial y el 40 % del PIB mundial

 

Esa misma semana Zelensky había sido invitado a la Cumbre del G7, donde se le ofrecieron nuevos préstamos que no involucran a la Unión Europea y días antes había estado en Alemania en otra cumbre para hablar de la reconstrucción de Ucrania con un canciller que sigue enviando recursos para destruirla.

 

Rusia está derrotando a la OTAN en territorio ucraniano pero esta alianza no ha abandonado sus esfuerzos bélicos, los cuales están provocando un desangre del pueblo ucraniano. La guerra solo ha traído beneficios a Estados Unidos, ya que ni Europa misma se ha visto beneficiada. Solo ha acrecentado su subyugación a la superpotencia.

 

La Conferencia de “Paz” no ha contribuido ni a la desescalada del conflicto y mucho menos a la paz. El bando que la organizó no va ganando e incluso Ucrania vive momentos de inestabilidad política. El peligro es que, en la desesperación, el mando norteamericano y la OTAN traten de precipitar un conflicto nuclear o escalar una guerra que puede convertirse en una conflagración mundial.

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