Doce años de TLC con EE.UU: un balance desfavorable para las empresas colombianas

Por Andrés Julián Rozo
24 de junio de 2024

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Doce años de TLC con EEUU un balance desfavorable para las empresas colombianas

 

El pasado 15 de mayo se cumplieron 12 años desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos, y como resultado es evidente que las promesas iniciales de crecimiento y expansión para las empresas colombianas no se han cumplido. El acuerdo ha creado más desafíos que oportunidades para los sectores empresariales. En lugar de potenciar la competitividad y el desarrollo, ha exacerbado la dependencia y la vulnerabilidad de nuestras empresas frente al mercado estadounidense.

 

Desde el inicio, las negociaciones del TLC carecieron de la transparencia y la inclusión necesarias para considerar los intereses de todos los sectores económicos. Las expectativas eran altas: se proyectaba un incremento en las exportaciones, mayor diversificación de productos y un alza en la inversión extranjera directa. Sin embargo, la realidad ha sido distinta. Las exportaciones colombianas siguen dominadas por materias primas y productos de bajo valor agregado, mientras que las importaciones desde Estados Unidos han inundado el mercado local, afectando negativamente a muchas industrias nacionales, y las unidades productivas siguen disminuyendo su crecimiento, ejemplo de ello es que de acuerdo con Confecámaras (2024), en 2023 se crearon 305.997 unidades productivas, 1,5% menos que en 2022, donde nacieron 310.731 empresas.

 

Ilustración 1 Unidades productivas creadas según organización jurídica

 

Fuente. (Confecámaras, 2024)

 

El impacto es especialmente significativo para las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Estas empresas, que constituyen la columna vertebral de la economía colombiana, han sido las más afectadas por la competencia desleal derivada de la entrada de productos estadounidenses a precios más bajos. Las Pymes colombianas, con menores economías de escala y acceso limitado a tecnologías avanzadas, no han podido competir de manera efectiva, lo que ha llevado a la pérdida de empleo y al cierre de muchas de estas empresas. Esto, y teniendo en comparación la evolución de la creación de empresas entre 2022 y 2023 producto del estudio hecho también por Confecámaras (2024),  (los dos últimos años medidos del impacto del TLC), se evidenció una reducción del 1,4% en la creación de microempresas y una disminución del 31% en las pequeñas empresas, además de una reducción del 25% y 59% para las empresas medianas y grandes, respectivamente.

 

Y si analizamos por sectores económicos, el sector agrícola, en particular, ha sido el que peor parte se ha llevado. Como lo afirma Cedetrabajo (2023), la apertura del mercado a productos agrícolas estadounidenses ha desplazado a los productores locales. La entrada masiva de maíz, trigo y otros productos agrícolas ha reducido los precios internos, haciendo insostenible la producción para muchos agricultores y empresarios del agro colombiano. Esta situación no solo afecta la economía rural, sino que también pone en peligro la soberanía y seguridad alimentaria del país.

 

Además, el TLC ha tenido un impacto negativo en la estructura tributaria de Colombia. La reducción de aranceles ha disminuido los ingresos fiscales provenientes del comercio exterior. Para compensar esta pérdida, el gobierno ha incrementado la dependencia de impuestos indirectos como el IVA, lo que aumenta la carga fiscal sobre las empresas y los consumidores, afectando el poder adquisitivo y la demanda interna. Solo para dar un ejemplo, en el año 2013 (un año después de entrado en funcionamiento el TLC), Colombia de acuerdo DANE (2014) dejo de recaudar 600 millones de dólares producto de la caída del rubro de aranceles, factor que no ha mejorado con corte a 31 de diciembre de 2023, y que por ejemplo solo en el mes de enero de 2013 las ventas externas del país cayeron 1,1% con relación al mismo mes de 2012, al pasar de US$4.785,6 millones FOB a US$4.734,7 millones FOB, lo cual ha contribuido enormemente a acentuar el déficit fiscal que hoy enfrenta la nación, y que ningún gobierno (Santos, Duque y Petro), se han preocupado por mejorar.

 

En sintonía a lo anterior, y a pesar de cumplir con el déficit fiscal máximo trazado por la Ley de la Regla Fiscal que para 2023 de acuerdo con la CARF (2024) (con un balance total de -4,3%, un balance primario de -0,4%, y un balance primario neto estructural de -1,3% del PIB), el gobierno ha tenido que gestionar una reducción de la deuda neta como proporción del PIB, que se situó en 53,1% en 2023, 4,7% menos que en 2022. Esta reducción de deuda es una señal positiva, pero se ha logrado en parte mediante ajustes fiscales y control del gasto, lo que podría limitar la capacidad del gobierno para invertir en sectores que compensen los efectos negativos del TLC, como el sector empresarial ampliamente golpeado en todos los rubros de la economía.

 

Para dar otro ejemplo a este contexto, la inversión extranjera directa o IED, uno de los principales beneficios esperados del TLC, no ha llegado en la medida anticipada. Las inversiones de empresas estadounidenses han sido volátiles y muchas veces condicionadas a sectores específicos que no necesariamente generan encadenamientos productivos en la economía local. Además, las empresas colombianas han enfrentado desafíos legales y financieros derivados de las demandas ante tribunales internacionales de arbitraje, que limitan la capacidad del Estado para regular en favor del interés público.

 

Por otro lado, el acceso al mercado estadounidense no ha sido tan beneficioso como se esperaba. Las barreras no arancelarias, como las regulaciones fitosanitarias y los estándares de calidad, han dificultado la entrada de productos colombianos. Las empresas, especialmente las PYMES, carecen de los recursos necesarios para cumplir con estos requisitos en parte a la falta de políticas públicas que permitan al Estado a acompañar a estos productores, lo que limita su capacidad de aprovechar las pocas oportunidades que brinda el TLC.

 

Es por esto que el TLC con Estados Unidos ha tenido un impacto negativo en las empresas colombianas. La balanza comercial desfavorable, la presión sobre las PYMES, la pérdida de competitividad del sector agrícola y los desafíos fiscales y legales son indicativos de un tratado que no ha cumplido con sus promesas iniciales. Es por ello que promesas políticas electorales, como las realizadas por el entonces candidato presidencial en 2022, Gustavo Petro, de renegociar los TLC con Estados Unidos, llamaron la atención de industriales, campesinos y el sector productivo golpeado arduamente por la última década de implementación de dicho acuerdo comercial.

 

Petro señaló que: “Renegociar el TLC será un tema en la agenda con EE. UU”. (Ver https://youtu.be/ZVQAcDE9cwM?si=JZ2DCV5KkWapGGkD ), y esta propuesta también quedó consignada en el programa de Gobierno “Colombia potencia mundial de la vida 2022-2026” en el apartado 2.4 Pactos de productividad para una economía de la vida, donde indica textualmente: “Renegociaremos los Tratados de Libre Comercio y mejoraremos la posición de Colombia en el comercio internacional y en las cadenas mundiales de valor”. Sin embargo, una vez ganadas las elecciones y posesionado como presidente de la República, su propio ministro de Comercio, Industria y Turismo, Germán Umaña, lo desmintió al indicar que “No estamos renegociando el TLC con Estados Unidos” (ver en https://www.elcolombiano.com/negocios/no-estamos-renegociando-el-tlc-con-estados-unidos-mincomercio-desmiente-al-presidente-petro-PG22175192).

 

Es crucial que el gobierno de Gustavo Petro reevalúe su promesa de campaña y cumpla a los colombianos al buscar la renegociación para equilibrar las relaciones comerciales de Colombia con la potencia norteamericana y así promover un desarrollo empresarial más sostenible y equitativo. La renegociación del TLC no es solo una cuestión de corregir errores pasados, sino también de asegurar un futuro más próspero para la economía nacional. Necesitamos un entorno comercial que favorezca el crecimiento interno, proteja nuestra industria, agricultura y soberanía, y garantice un comercio justo y equilibrado.

 

Solo así podremos transformar nuestras capacidades empresariales en beneficios tangibles para toda la sociedad colombiana.

REFERENCIAS

Cedetrabajo. (2023). Con el libre comercio (TLC), se acaba el agro en Colombia y en Bolívar. Obtenido de https://cedetrabajo.org/con-el-libre-comercio-tlc-se-acaba-el-agro-en-colombia-y-en-bolivar/

 

Comité Autónomo de la Regla Fiscal, CARF. (Marzo de 2024). Análisis del Plan Financiero 2024: La programación para 2024 no cumpliría con la Regla Fiscal. Obtenido de https://www.carf.gov.co/webcenter/ShowProperty?nodeId=%2FConexionContent%2FWCC_CLUSTER-240598#:~:text=El%20Comit%C3%A9%20llama%20la%20atenci%C3%B3n,25%25%20de%20los%20ingresos%20tributarios.

 

Confecámaras. (2024). Dinámica de creación de empresas en Colombia. Obtenido de https://confecamaras.org.co/images/Informe-Dinamica-de-creacion-de-empresas-2023.pdf

 

Departamento Administrativo Nacional de Estadistica – DANE. (2013). COMERCIO EXTERIOR- EXPORTACIONES. Obtenido de https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/exportaciones/bol_exp_ene13.pdf

 

Petro, G., & Marquez, F. (2022). Programa de gobierno «Colombia potencia mundial de la vida» 2022- 2026. Obtenido de https://www.cancilleria.gov.co/sites/default/files/FOTOS2020/Programa%20de%20Gobierno%20Gustavo%20Petro.pdf

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