Las viviendas de steel frame previstas para los damnificados rurales del terremoto en el Antiguo Caldas desconocen el bahareque y ponen en riesgo el Paisaje Cultural Cafetero, una región con técnicas y formas de construcción que merecen protección. Jorge Robledo, arquitecto y profesor de la Universidad Nacional, lo sostuvo en su columna semanal del 16 de octubre, donde describió casas de 33 metros cuadrados, una sola alcoba y láminas metálicas costosas que nunca se habían usado en la región.
El sismo del 10 de agosto, de magnitud 7,4 y con epicentro en San José del Palmar (Chocó), dejó 319 muertos y 31.461 viviendas destruidas, según el balance que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) entregó el 20 de agosto. Valle del Cauca y Risaralda concentraron la mayor parte de las víctimas.
Robledo revisó el comportamiento de las construcciones de la región y las dividió en tres grupos. En el primero están las casas y los edificios que fallaron porque se levantaron en ladrillo, sin vigas ni columnas, con los criterios vigentes antes de las normas sismorresistentes que el país adoptó tras el terremoto de Popayán de 1983. El segundo reúne obras más recientes que fallaron por incumplir esas normas: no llevaban el hierro necesario en vigas y columnas, o tenían concretos con mezclas equivocadas de arena y cemento. Una parte del daño la atribuyó a las autoridades, que descuidaron las exigencias sismorresistentes en colegios y centros de salud.
El tercer grupo, el de las casas de bahareque, con muros de madera y guadua, volvió a resistir. Esa técnica se extendió desde mediados del siglo XIX, cuando temblores fuertes pusieron en riesgo la permanencia de Manizales, y recibió el nombre de “estilo temblorero”. Durante décadas fue la respuesta de la región a los terremotos y permitió el desarrollo de lo que hoy son Caldas, Risaralda, Quindío y el norte del Valle del Cauca.
Los muros de bahareque que sí fallaron tenían la madera y la guadua dañadas por la humedad, porque no los protegieron de ella. Otros cedieron porque los habían combinado con paredes de ladrillo, una mezcla incompatible en lo estructural. Cada sistema resiste los sismos por su cuenta, explicó, pero la unión de los dos hace fallar a ambos.
Las viviendas anunciadas, según lo que se ha divulgado, son quinientas para damnificados de zonas rurales del Antiguo Caldas y otras quinientas para el Chocó. Robledo consideró que las dos cifras seguramente son insuficientes y cuestionó el diseño. Las casas, de 33 metros cuadrados, son muy difíciles de ampliar por el material con que se construyen. Las láminas metálicas no se integran con el bahareque ni con la mampostería, y la arquitectura resultante no alcanza la calidad de las formas tradicionales de la región.
Lo más grave, a juicio de Jorge Robledo, es que los promotores del steel frame pasaron por alto la calidad técnica y formal del bahareque de esta región, única en el país y, según él, de importancia universal. Ese valor tiene respaldo internacional. En 2011, la Unesco, la agencia de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura, inscribió el Paisaje Cultural Cafetero de Colombia en la lista del Patrimonio Mundial.
Robledo concluyó que ese paisaje debe valorarse y conservarse, sin el deterioro que le causaría “el extraño tipo de edificaciones que le quieren sobreponer”.




