Óscar Sotomayor Uribe plantea que Colombia necesita una Hacienda Ambiental que obligue a medir, financiar y verificar la restauración tras los incendios del Tolima.

¿Qué debe aprender un joven colombiano para 2040? Oscar Sotomayor propone partir de las regiones

Oct 15, 2026

Reducir las desigualdades entre regiones, reforzar matemáticas, ciencias y lectura, enseñar IA después de lo básico y proteger el aula del adoctrinamiento político.

Escrito por: Redacción Dignidad & Compromiso

Escrito por: Redacción Dignidad & Compromiso

Su propuesta es una política de Estado con metas a 2040 que use los diagnósticos de la OCDE para medir el atraso del país, sin copiar los sistemas de Finlandia, Alemania, Suiza o Noruega. Colombia ya dedica más horas de clase que el promedio de la OCDE, 1.000 al año en primaria frente a 804, y el problema, a su juicio, está en lo que se aprende durante ese tiempo.
Colombia puede estudiar los sistemas educativos de otros países sin replicarlos en un territorio con otra historia, otras instituciones y otra economía, y los informes de la OCDE le sirven para saber dónde está y qué debe corregir. Con esa idea respondió el docente universitario Oscar Augusto Sotomayor Uribe, en su columna en El Cronista, a la pregunta que dejó la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación sobre lo que deben aprender los jóvenes para prosperar en 2040. Para él, la pregunta de fondo es qué necesita aprender un joven de Planadas, Chaparral, Quibdó, Mitú o Buenaventura para construir su proyecto de vida en un país con regiones sin conectividad ni infraestructura escolar suficiente.
El análisis se apoya en los resultados de las pruebas PISA 2025, publicado por la OCDE en septiembre de 2026. Colombia obtuvo 414 puntos en ciencias, 399 en lectura y 381 en matemáticas, contra promedios de la OCDE de 482, 461 y 463. El 50,1 % de los estudiantes quedó por debajo del nivel 2 en ciencias, y en matemáticas solo el 29 % alcanzó por lo menos ese nivel. Entre 2022 y 2025, según la OCDE, los puntajes del país no tuvieron cambios estadísticamente relevantes.
Las condiciones materiales hacen parte del problema. El 63 % de los estudiantes estaba en instituciones cuyos directivos reportaron que la falta de materiales dificultaba en alguna medida la enseñanza, y el 62 %, en instituciones con problemas de infraestructura física. Con esas diferencias, advierte Sotomayor, no se pueden exigir los mismos resultados.
Sobre los maestros, defiende dignificar la profesión y rechaza idealizarla. Un docente puede tener convicciones políticas, sostiene, y el problema aparece cuando usa su autoridad académica para reemplazar la evidencia y el argumento por una visión ideológica. «La libertad de cátedra no equivale a licencia para imponer una doctrina», escribió.
La inteligencia artificial es otro asunto pendiente. En las pruebas PISA 2025, el 56 % de los estudiantes dijo usar chatbots de IA para aprender por lo menos una vez por semana, frente al 46 % del promedio de la OCDE, y el 39 % los usa para redactar trabajos. Sotomayor descarta tanto prohibir la tecnología como entregarle el proceso educativo, y pide enseñar a usarla después de enseñar a leer, escribir, argumentar, verificar fuentes y resolver problemas.
El mismo informe registra fortalezas. El 86 % de los estudiantes dijo que, en la mayoría de sus clases de ciencias, el profesor se interesa por el aprendizaje de cada uno, y el 81 %, que sigue explicando hasta que entienden. El sistema, según su análisis, necesita convertir mejor ese trabajo en aprendizaje.
La política que propone debe reducir las desigualdades entre territorios, fortalecer ciencias, matemáticas y lectura, mejorar la formación docente, conectar la educación técnica, tecnológica y universitaria con los cambios del empleo, promover la investigación, garantizar conectividad e infraestructura e incorporar con responsabilidad la inteligencia artificial.
Concluye que el país debe formar colombianos capaces de competir con el mundo sin dejar de entender su territorio, científicos que investiguen en Colombia, técnicos que transformen sus regiones y profesionales con razones para quedarse. La pregunta que, según él, debe guiar la discusión hacia 2040 es esta: «¿Qué tipo de colombiano necesita Colombia formar para prosperar?»