La Amazonia

Ivan Fernando Montoya

7 de octubre de 2022

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El presidente Gustavo Petro después de una reunión a puerta cerrada con la comandante del Comando Sur de Estados Unidos, Laura J. Richardson, manifestó ante los medios de comunicación que ‘’Le proponía a la general la construcción de una fuerza, que ya me dijo ella tenía un esbozo en Brasil, una Fuerza Militar con helicópteros, etcétera, pero destinada a apagar los fuegos de la selva amazónica, que es el principal problema de seguridad de la humanidad hoy”.[1]

Esta manifestación no debería pasar desapercibida si se tiene en cuenta que desde hace tiempo existe la pretensión por parte de intereses económicos, en cabeza de los Estados Unidos, de arrebatarle la Amazonia a los pueblos de América Latina, con el fin de «gestionar» y explotar sus incalculables recursos naturales.

Estas ambiciones de corte colonialista, siempre han estado arropadas de propósitos altruistas, incluida la protección del medio ambiente, promoviendo la idea de declarar la Amazonia un bien supranacional, un patrimonio global, con el fin de administrar sus recursos, pasando por encima de la soberanía de los países y de los pueblos indígenas que la habitan.  Idea que fue retomada por el presidente Macron, con motivo de los incendios forestales que azotaron a la Amazonia brasileña en el año 2019.[2]

El presidente Petro hablo de colaboración militar entre Colombia y Estados Unidos, de establecer unos mecanismos militares y operativos para evitar los incendios en la Amazonia[3], lo que va en contravía de su discurso de autodeterminación de los pueblos y de unidad latinoamericana, facilitándo que ‘USArmy’ y la OTAN se entrometan en un lugar estratégico. Es la frontera de 6 naciones, la habitan 400 tribus indígenas, y contiene el 20% del total del agua dulce del planeta. [4]

Las organizaciones en defensa del medio ambiente de Colombia y AL, han tenido que luchar por la falta de una política soberana, que no pretenda pasar por encima de las comunidades y territorios. La agenda legislativa es presionada por intereses de las multinacionales, el boom minero-energético en Colombia o «locomotora» es un buen ejemplo.

En lo ambiental existe una economía política impuesta desde el norte, basada en la «ventaja comparativa», que inició con la apertura y continúa con la firma de tratados de libre comercio (TLC), destruyendo sectores como la industria y el agro, poniendo los instrumentos económicos del Estado al servicio del negocio especulativo de la gran minería y el fracking.

El movimiento ambientalista debe mantener su postura en defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, es un principio que sustenta las consultas populares como mecanismo de defensa del territorio. Se debe respetar la voluntad de las poblaciones que decidieron poner por encima sus derechos a la salud, el agua, un ambiente sano y a la vida, además de conservar su vocación productiva Agro alimentaria.

De igual forma no puede volverse funcional al discurso de los inversionistas de la «economía verdes», en cabeza de naciones del norte global como Estados Unidos y Francia, que han puesto su mira en los recursos energéticos, minerales, biológicos y ambientales de la Amazonía, quitándoles de paso la soberanía a los pueblos latinoamericanos y atribuyéndoles una especie de incapacidad para entender su importancia, por lo tanto incapacidad para protegerla y preservarla.

[1] https://www.infobae.com/america/colombia/2022/09/08/presidente-gustavo-petro-le-propuso-a-estados-unidos-crear-fuerza-militar-especial-para-el-amazonas/

[2] https://www.las2orillas.co/internacionalizar-la-amazonia/

[3] https://www.infobae.com/america/colombia/2022/09/08/presidente-gustavo-petro-le-propuso-a-estados-unidos-crear-fuerza-militar-especial-para-el-amazonas/

[4] https://www.las2orillas.co/internacionalizar-la-amazonia/

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