ARTBO reunió 50 galerías y 228 artistas en Ágora Bogotá, y UN_FAIR Tequendama, cerca de 300 artistas y curadores, en dos ferias que coincidieron a finales de septiembre. Enrique Uribe Botero, arquitecto de formación, revisó en su columna para El Espectador las obras que encontró en ambas ferias y los edificios que las albergaron, con una premisa: los lugares importan.
ARTBO funcionó en Ágora Bogotá, edificio diseñado por Daniel Bermúdez, Juan Herreros y Jens Richter. UN_FAIR Tequendama ocupó el Centro Internacional Tequendama, del arquitecto Rafael Obregón, que los estudiosos consideran una obra excepcional de la arquitectura moderna colombiana. «Los lugares importan y hablan de quienes los ocupan», escribió Uribe Botero. Las dos ferias le dejan un mismo mensaje: Bogotá se convirtió en uno de los puntos de encuentro más importantes del arte latinoamericano, después de Brasil y México. En ARTBO, el 65 % de los artistas fueron colombianos y el 35 %, extranjeros.
Dos artistas lo entusiasmaron por su originalidad y su calidad técnica. En la pintura de Valeria Alfonso, nacida en 1999, el color es el recurso principal. La artista combina, contrasta y gradúa los tonos sin ceñirse a la naturaleza: pinta de rosado la rama de lo que puede ser un bambú y de púrpura otras plantas. Trabaja con azules, amarillos, verdes y blanco, siempre con algún ocre, una paleta que a su juicio la hace colorista.
El otro rasgo de Alfonso es su manera de entender el paisaje, que reúne territorio, cultura y la mirada de quien pinta. Por su formación, el columnista se fija en los lugares donde ella sitúa la naturaleza: una cafetera y una taza sobre una mesa, una escalera en un patio interior, la culata de una casa vista a través de una ventana. Son espacios de la arquitectura doméstica que el espectador reconoce sin poder ubicarlos, y que la pintora tal vez arma con bocetos, fotografías propias e imágenes de revistas y libros.
La segunda artista es Luisa Pastor, nacida en Alicante, España, en 1977. Su serie «Trama y urdimbre. Escrituras del valor» tenía una sola pieza en el espacio de la galería La Cometa en ARTBO. La galería le dedica una sala completa en su sede de Bogotá, un edificio de José Alejandro Bermúdez y Daniel Jaramillo que Uribe Botero juzga sin rival en la ciudad. Pastor escogió la sala, definió el negro de los muros, diseñó la iluminación y fabricó y ubicó ella misma las luminarias. Antes de mirar las piezas, el montaje ya le mereció un adjetivo: magistral.
Pastor trabaja sobre páginas de libros de contabilidad de comienzos del siglo XX. Con láminas de pan de oro de 22 y 24 kilates, y a veces de plata, traza sobre fondo negro líneas horizontales y verticales que se cruzan y que ella llama urdimbre. Ese cruce pertenece a la tradición del tejido en el arte, en la que Colombia tiene a Olga de Amaral. La artista sostiene que detenerse a contemplar es un acto de rebeldía. Para el arquitecto, las páginas que durante más de un siglo registraron ingresos y gastos adquieren un valor artístico.
Uribe Botero recomienda la obra de Luis Carlos Tovar, nacido en 1979, que expuso en el espacio de Gris Galería un video y tres trípticos hechos en Santa Marta, con un mensaje político de denuncia y una factura que califica de impecable. Celebra el reconocimiento que UN_FAIR Tequendama hizo a los artistas colombianos formados entre París y Bogotá, en una selección del historiador y crítico Álvaro Medina que incluye a Emma Reyes, Luis Caballero, Lorenzo Jaramillo y Fernando Botero, entre otros.





