Qué nos espera con el próximo gobierno

  • Juan Manuel Ospina en retrato editorial para columna política del partido
    Presidente de Dignidad & Compromiso, Ex Senador. Profesor del Externado.

Jun 6, 2026

Hoy muchos colombianos tienen más dudas que certezas sobre por quién votar en menos de tres semanas. Algunos, incluso, están indecisos entre votar en blanco o no votar. Esto es, en parte, consecuencia de una mala campaña, porque Cepeda y Abelardo, los favoritos, coincidieron en no ir a los debates que, en cualquier país del mundo, aun si no son democráticos, hacen parte de la rutina del proceso electoral y de la vida política, máxime cuando se está en una campaña. No hay una razón valedera para que no hayan aceptado la invitación que se les hizo. Considero que su comportamiento es simplemente un desaire a la democracia. Voy más allá: es un irrespeto a los ciudadanos, es decir, a sus electores. Parece que finalmente entendieron el punto. Eso, además, les da la posibilidad de aumentar sus electores y tendrán al menos un debate cara a cara.

No encuentro sino dos explicaciones posibles a este comportamiento absurdo y poco democrático. La primera es que no han querido arriesgarse a la confrontación pública, que no sería una razón válida, pues ambos candidatos tienen carácter y se consideran con la talla para ser presidentes de la república. ¿O será que lo consideraron innecesario porque el elector se mueve por emociones y no por razones, y por eso no requeriría razones o argumentos para votar? En este punto pueden tener algo de razón, porque la política se convirtió básicamente en una confrontación y movilización de emociones y, por eso, mover ideas no sería lo más importante.

La segunda explicación es que los personajes piensan o sus asesores les dicen que, sin necesidad, no deben exponerse públicamente y que, sobre todo en el caso de Cepeda, ya cuentan de entrada con un electorado comprometido. Los votos que les faltan los pueden conseguir, sin exponerse, con actividades proselitistas puntuales y presentaciones divulgadas por los medios en las que, sin competencia y sin riesgo, pueden “despachar” al rival. Han sido presentaciones de generalidades sobre las intenciones del candidato, casi que reducidas a consignas, que no admiten un debate. Son fáciles para el candidato, pero mueven poco al ciudadano que las escucha, que generalmente vota más por sentimientos que por razones. Todo ello enmarcado en un costoso derroche de publicidad. Sin duda, se juega más con la imagen que con el mensaje, muchas veces reducido a un relumbrón sin contenido.

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El quehacer político y la política misma se han empobrecido. Los políticos se volvieron “showmen” y el discurso y las propuestas quedaron reducidos a simples frases llamativas, pero sin contenido. En el mundo, incluida Colombia, vivimos el final de una era de la política y todavía no se ve claro un futuro posible. Navegamos en medio de la confusión, sin un derrotero medianamente claro. No debemos desesperarnos ni encerrarnos en nosotros mismos. Más bien, hay que escuchar, observar y buscar salir del aislamiento en el que hemos caído, entendiendo que lo que estamos viviendo no nos pasa solo a nosotros, que es un sentimiento generalizado sobre el cual debemos discutir y pensar. La solución no nos caerá del cielo, saldrá de nosotros, siempre y cuando no nos encerremos en nosotros mismos. El camino no es fácil, pero no hay alternativa.