Cepeda cae en el viejo juego petrista de avivar la polarización

  • Juan Manuel Ospina en retrato editorial para columna política del partido
    Presidente de Dignidad & Compromiso, Ex Senador. Profesor del Externado.

Jul 15, 2026

Se equivoca Iván Cepeda, haciéndole caso al presidente más disociador que ha tenido el país.

Petro cree, borracho de soberbia, que tiene el poder y la capacidad para imponerle al país sus caprichos, sus sueños, su mensaje de una nueva Colombia, que solo tendría el futuro que él le diseñe, a la que llegaríamos por los medios que él establezca. Cepeda no se libera de ese planteamiento, ante todo porque tiene la disciplina del militante de formación marxista, que comparte la quimera petrista de la paz total, que no es un concepto elaborado, sino un gancho atractivo e inspirador del discurso. Cepeda es el inventor del término que está en el corazón de la propuesta petrista, a la que no le quitaría ni una coma, ya no como el presidente que no fue, sino como su jefe y senador, vocero del Pacto Histórico.

Todo indica que, en la oposición al nuevo gobierno que les corresponde adelantar en democracia, van a “combinar todas las formas de lucha”. Y ahí es donde la película empieza a ser preocupante y, en el fondo, antidemocrática, pues en política no todo se vale. Hay líneas rojas que tanto el gobierno como la oposición deben respetar y hacer respetar. En caso contrario, cualquiera de las dos orillas puede caer en garras del autoritarismo y convertirse en una bomba en el corazón del sistema.

Con Petro, al igual que con Trump, sumidos ambos en sus contradicciones, es difícil saber en dónde están finalmente parados, aunque tengan claro su respectivo sueño de grandeza. Su defensa es el discurso-disculpa de que les impiden cumplirles a sus electores. Son siempre víctimas, nunca victimarios. Y con sus enredos y mentiras juegan con candela, al alegar que las elecciones en las que fueron derrotados fueron una enorme trampa para robarles el triunfo. Presionan y buscan que se desconozcan unos resultados, supuestamente manipulados en su contra. Son pésimos perdedores y, por eso, falsos demócratas, que invitan a desconocer los resultados cuando no los favorecen, a pesar de que estos hayan sido reconocidos internacionalmente como legítimos.

Cepeda, al respecto, más que confuso, ha sido contradictorio, pues pasó de dudar de ellos y sembrar dudas sobre su transparencia a reconocerlos días después. Ahora, ante la ofensiva irresponsable con la que Petro pretende desconocer la validez de las elecciones, Cepeda, nuevamente confuso, plantea desconocer los resultados, pero deja, como siempre, una puerta entreabierta. Obvio que si se descubre un fraude capaz de alterar los resultados, los ciudadanos responsables no avalaremos el fraude. Eso no habría que decirlo, pues se cae por su propio peso. A nadie, salvo a quienes les interesa ser dictadores, le conviene alimentar la desconfianza en nuestro sistema político, cuyo eje operativo es el proceso electoral.

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Un rasgo fundamental de la democracia es que no se basa en la homogeneidad de posiciones ni es unanimista, sino que tiene la capacidad de aceptar y darles salida a las diferencias propias de la vida en sociedad. Tanto el nuevo gobierno como su oposición necesitan estar a la altura de las circunstancias, acordar y precisar los puntos concretos de un acuerdo ciudadano, el famoso y muchas veces olvidado acuerdo sobre lo fundamental. Colombia lo necesita. Con buena voluntad y un claro sentido de la responsabilidad, lo podemos lograr.

P.D.: Creo que el nuevo presidente debe renunciar a su ciudadanía norteamericana. No tiene presentación y con ella les da municiones a sus enemigos, que son muchos y fuertes. Como se dice coloquialmente, no hay que darles papaya en un asunto irrelevante.

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