Categoría: Ciencia

  • Ciencia y tecnología: el presupuesto más bajo de este siglo

    Ciencia y tecnología: el presupuesto más bajo de este siglo

    Este gobierno ha reducido a la cuarta parte el presupuesto destinado a la ciencia, la tecnología y la innovación, y los recursos no se están ejecutando. ¿Qué está pasando con la ministra y con el Ministerio?

    Por Diego Cortés Valencia – tomado de razonpublica.com
    17 de abril de 2024

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    Diego Cortés Perfil

    Las denuncias 

    En abril, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación ha enfrentado múltiples denuncias. Las congresistas Jennifer Pedraza (Dignidad y Compromiso) y Alexandra Vázquez (Pacto Histórico) citaron a control político a la ministra Yesenia Olaya para exponer las irregularidades en la cartera.

     

    Rodolfo Llinás, neurofisiólogo y uno de los científicos más importantes de Colombia, afirmó que “si no hay ciencia, el país queda en manos ajenas”. Por este motivo, examinar detalladamente el funcionamiento del Ministerio no es un capricho o una mera rencilla política; todo lo contrario, es un asunto fundamental para el avance, desarrollo e independencia frente a otras potencias del conocimiento.

     

    En pocas palabras, las congresistas reprochan la baja asignación para el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) en el Presupuesto General de la Nación; la escasa ejecución del PGN y de los recursos del Sistema General de Regalías para CTeI; la financiación de convocatorias con recursos provenientes de CTeI; denuncias de presunto acoso laboral y prácticas antisindicales; y las inconsistencias en la hoja de vida de la ministra Olaya.

     

    Este artículo revisará el presupuesto para CTeI y la gestión de un gobierno que, en campaña, afirmó que esta cartera sería una de sus mayores apuestas para hacer de Colombia la Potencia Mundial de la Vida.

     

     

    Le recomendamos: El cambio: entre incertidumbre y oportunidades

    Inversión insuficiente

    Históricamente, Colombia ha dedicado un presupuesto muy bajo a la CTeI.

     

    El Banco Mundial señala que el promedio anual del gasto para investigación y desarrollo fue de 0,22% entre 2000 y 2020. Mientras tanto, el promedio anual para América Latina y el Caribe fue de 0, 65%. De igual forma, en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico estuvo próximo al 2, 39%. De hecho, para el 2020, Colombia fue el país de la OCDE que menos invirtió en estos sectores.

     

    En lo concerniente a las fuentes de financiación, entre el año 2012 y el 2021, el 42,4% del presupuesto para investigación y desarrollo provino del sector público, el 52,7 % del sector privado y el 4,9% son recursos de cooperación internacional. Si bien el gobierno tiene la labor de promover los incentivos del sector privado y los acuerdos para garantizar los recursos internacionales, la responsabilidad directa y más inmediata está en las fuentes públicas, es decir, las regalías y el Presupuesto General de la Nación.

     

     

    La promesa incumplida 

    Por los motivos anteriores, el gobierno afirmó que fomentaría la destinación de recursos nacionales e internacionales a las actividades de CTeI. El PND anunció que la inversión en investigación y desarrollo pasará de un 0,26% del PIB en 2021 al 0,5% a lo largo del cuatrienio.

     

    Esta, aunque se cumpliera, seguiría siendo una meta muy inferior a los estándares internacionales y a la recomendación de las misiones de sabios desde 1990. Y por desgracia, el gobierno no se está acercando a su meta, todo lo contrario, se está alejando.

     

    En lo que respecta al gobierno, la financiación de la ciencia, tecnología e innovación está ligada al Presupuesto General de la Nación y los recursos del Sistema General de Regalías. Sin embargo, por lo general, el presupuesto siempre ha sido muy bajo.

     

     

    La participación promedio del sector CTeI en el PGN entre el 2005 y el 2022 había sido apenas del 0,04% del PIB, y bajo el gobierno de Gustavo Petro, la cifra disminuyó al 0,03% en el 2023 y 0,02% en el 2024. En resumidas cuentas, el sector de ciencia, tecnología e innovación mermó en un 20%.

     

    También, en la nueva propuesta del Presupuesto se reduce un 40% el sector de CTeI con respecto al 2024, es decir, a tan solo el 0,01% del PIB. Por desgracia, si llega a aprobarse, estaríamos hablando del porcentaje más bajo en los últimos 21 años. Por este motivo, más que una lupa, necesitaremos un microscopio para revisar la ejecución del actual gobierno.

     

     

    La explicación de la ministra 

    La ministra Olaya, en el debate de control político, aceptó que “el presupuesto es deficiente”, ya que “este no es un presupuesto para poder fortalecer la agenda científica”. No obstante, señaló que “interpelar un mayor presupuesto al gobierno nacional implica tener claridad en qué vamos a invertir ese presupuesto”. La jefa de cartera finalizó su intervención manifestando que “en eso hemos trabajado desde el primero de mayo, estructurando una agenda nacional…”.

     

    Vale la pena precisar que este argumento contradice el anteproyecto del PGN para el 2025.

     

    Nos enfrentamos a dos alternativas: o el Ministerio de Hacienda, además de no coordinar la nueva propuesta con la ministra Olaya, desea reducir los recursos de la cartera; o la ministra Olaya, después de un año de trabajo, fue incapaz de dar claridad sobre la financiación de la ciencia, la tecnología y la innovación y respaldarla frente al Ministerio de Hacienda y las demás carteras del gobierno.

     

    En cuanto a la ejecución, las obligaciones hacen referencia a los recursos que deben girarse o que son ejecutados efectivamente cada año del Presupuesto General de la Nación. Para 2023, el sector de CTeI ejecutó el 65,9 %, mientras que el promedio anual de los últimos 23 años (2000-2023) fue de 73,3%. A excepción del 2019 (obligaciones del 44,7 %), no se había visto una cifra tan baja desde el año 2006.

     

    El sector de CTeI también recibe recursos del Sistema General de Regalías. En este caso hablamos de ingresos provenientes de la explotación de recursos no renovables del subsuelo. La inversión en investigación y desarrollo no debería atarse a recursos que son inciertos y fluctúan con respecto a la variación internacional de los precios del petróleo y el carbón.

     

    En una entrevista de octubre de 2023, la ministra Olaya planteó que “el Sistema General de Regalías es una fuente importante de inversión en ciencia”, sobre el cual el Ministerio “da los lineamientos hacia dónde deben dirigirse las convocatorias que van a impactar el desarrollo científico y tecnológico de las regiones”.

     

    Es evidente que las anteriores declaraciones contrastan con la ejecución de los recursos. A pesar de contar con $ 2,9 billones para 2023-2024 (cifra que duplica el bienio anterior), a la fecha solo se ha pagado el 5,8% del presupuesto de regalías para el sector. ¿Realmente es posible ejecutar el 94% restante en los siguientes 8 meses?

    La ciencia en el limbo

    Es lamentable que la reducción en la CTeI se justifique bajo el argumento de que es lo correcto para el país. El Ministerio debería encabezar la búsqueda de más recursos y asegurarse de la efectividad en lo concerniente a la ejecución.

     

    Afirmar que no hay certeza cómo invertir el presupuesto, es ningunear a los científicos que trabajan en condiciones precarias dentro y fuera del país; es ignorar la infraestructura deteriorada de muchos laboratorios como el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia; es desatender las apuestas de reindustrialización y transición energética en Colombia que se consignaron en el PND; es ignorar las misiones de sabios que han dado luces al respecto de la ciencia en el país.

    El Ministerio de Ciencia se quedó en el papel, porque el presupuesto de Colciencias aumentaba anualmente en promedio más de lo que ha aumentado como Ministerio. La promesa de cambio, y su condensación en el Plan Nacional de Desarrollo, al parecer son solo palabras. Mientras tanto, la ministra evade las preguntas de las congresistas y de voces autorizadas como la de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

    Las denuncias e investigaciones que pesan sobre la ministra Olaya deberían ser suficientes para que renuncie. Sin embargo, el presidente, en vez de atender las voces críticas y cumplir sus promesas de campaña, respaldó a la ministra y estigmatizó a quienes alertaron las consecuencias negativas para el futuro de la ciencia.

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  • Por falta de financiación el Instituto de Ciencias Naturales se desmorona

    Por falta de financiación el Instituto de Ciencias Naturales se desmorona

    Por Natalia Hernández
    10 de abril de 2024

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    Natalia Hernandez

    Recientemente, la revista cambio publicó un artículo llamado “Se necesitan 93.000 millones para salvar tesoro de fauna y flora de Colombia”, haciendo referencia a las precarias condiciones que viene enfrentando desde hace algunos años el Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia como consecuencia de su desfinanciación. Hoy se puede decir que una de las colecciones científicas más extensas e importantes de flora y fauna de América Latina se encuentra en riesgo, debido al estado crítico de sus instalaciones, según denuncia Publimetro (2024). Así las cosas, se hace evidente que dicha infraestructura sufre de: “grietas en las paredes, deterioro por humedad y la presencia de asbesto, una sustancia potencialmente cancerígena”.

     

    Además las instalaciones presentan otros problemas. Según El Tiempo (2024), los últimos temblores han ampliado las grietas ya existentes y han hecho que aparezcan nuevas. Los edificios no cumplen con las normas de resistencia sísmica, ni con sistemas de detección de incendios y no tienen espacio para albergar las nuevas muestras encontradas. Esto pone en evidencia el riesgo que corren las colecciones del ICN y la integridad de los alumnos, docentes y visitantes externos que acuden a sus instalaciones.

     

    Conviene destacar que el ICN cuenta con una colosal colección de más de 3,5 millones de piezas zoológicas, botánicas, paleontológicas, geológicas, arqueológicas y etnográficas. Entre otras, se destacan tumbas con más de 12.000 años de antigüedad provenientes de la sabana de Bogotá, mariposas recolectadas por José Celestino Mutis a finales del siglo XVIII, ilustraciones botánicas creadas por la Comisión Corográfica en 1852 y vestigios prehistóricos de asentamientos humanos en el Amazonas. Un patrimonio nacional.

     

    Desde 2018, el ICN ha solicitado la demolición parcial de sus instalaciones por deterioro y la construcción de nuevos edificios para conservar las colecciones y garantizar la seguridad de los usuarios. A pesar de que este problema se arrastra desde administraciones anteriores, el gobierno actual está al tanto de la situación. Según la revista Cambio, el exministro Arturo Luna visitó las instalaciones y constató el problema, pero no se ha tomado ninguna acción al respecto. Esto refleja una falta de voluntad política por parte del gobierno nacional.

     

    Es fundamental exigir al gobierno nacional los $93.000 millones de pesos requeridos para una financiación adecuada que abarque todos los proyectos necesarios destinados a conservar los tesoros naturales del país y fomentar la investigación científica. Resulta preocupante que el presidente redujo significativamente el presupuesto del Ministerio de Ciencias, que el Plan de infraestructura educativa del presidente no priorice este asunto, ya que implica una desfinanciación en áreas primordiales como el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación. Mientras el gobierno nacional no destine los recursos suficientes, las joyas de la corona del instituto, como el Museo de Historia Natural y el Herbario Nacional, seguirán en grave peligro.

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  • La Ministra De Ciencia Nunca Ha Sido Profesora En Harvard Y Otras Mentiras De Su Experiencia Docente

    La Ministra De Ciencia Nunca Ha Sido Profesora En Harvard Y Otras Mentiras De Su Experiencia Docente

    En el marco de la investigación desarrollada por Jennifer Pedraza y su equipo de trabajo, se halló que la Ministra de ciencia miente sobre la trayectoria profesional que presentó en su hoja de vida: No fue profesora en Harvard como aseguró e infló su experiencia docente en al menos otras 3 universidades.

    Por Equipo Jennifer Pedraza
    08 de abril de 2024

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    Jennifer Pedraza perfil

    La Ministra reproduce una práctica que en la política colombiana se ha vuelto recurrente, que expone cuestionamientos éticos, legales y desnuda actitudes intelectualmente arribistas.

    La Ministra nunca ha sido profesora de Harvard

    La Universidad de Harvard es una de las instituciones educativas de mayor prestigio a nivel mundial. Los ránquines QS y de SHANGHAI la mejor universidad del mundo en 2023 y 2024, respectivamente.

    No cabe duda que para Colombia, un país con deficiencias estructurales en materia educativa y científica, es motivo de orgullo que compatriotas estudien, investiguen y, sobre todo, dicten clases en Harvard.

    En DOS VERSIONES de su hoja de vida, presentadas para laborar en el Ministerio, Yesenia Olaya afirmó haber dictado clases por casi un año -363 días- en el Afro-Latin American Research Institute vinculado a la Facultad de Artes y Ciencias Sociales de Harvard.

     

     

    En el Sistema de Información y Gestión del Empleo Público – SIGEP, que administra el Departamento Administrativo de la Función Pública -DAFP-, reposan los soportes de la hoja de vida de la Ministra. 

    Consultamos por dichos soportes y la Función Pública nos remitió un certificado firmado por Alejandro de la Fuente, director del Afro-Latin American Research Institute. En el mismo se certifica que la Ministra impartió un seminario virtual con apenas 48 horas de carga en un año.

    “Por haber impartido el seminario especializado “Resiliencias y resistencias afrocolombianas: trayectorias históricas y contemporáneas”… en la modalidad virtual (14 de septiembre 2021 -12 de septiembre 2022). Con un total de 48 horas de docencia” (El énfasis en negrilla es propio).

     

     

    La constancia, en vez de aclarar, crea nuevas inquietudes. ¿Dictar un seminario en un instituto le concede la categoría de docente de Harvard a la ministra? ¿Haber dictado apenas 48 horas en 363 días puede certificar casi un año de experiencia docente?

    Por ejemplo, en la UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA un docente con dedicación exclusiva tiene una carga horaria semanal de 44 horas y uno tiempo completo tiene 40 horas a la semana.

    Para resolver esos interrogantes consultamos Stephen Kargere, Director de la Oficina de Asuntos Posdoctorales de la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard. Kargere ACLARÓ que la Ministra Olaya ha tenido tres tipos de vinculación con esa institución pero que “no se consideran parte del cuerpo docente”.

     

     

    La respuesta es categórica: la ministra nunca ha sido profesora de Harvard.

    El perfil de Olaya en la página del Instituto tampoco refleja que haya tenido calidad de docente y sólo destaca su experiencia docente “EN UNIVERSIDADES DE AMÉRICA LATINA”.

    Además, si hipotéticamente hubiese sido docente, la experiencia equivaldría apenas a 6 días certificables, puesto que el  artículo 2.2.2.3.8 del Decreto 1083 de 2015 dice que las horas de docencia se deben calcular “sumando las horas trabajadas y dividiendo el resultado por ocho (8)”.

    Ministra de día y asistente en Harvard de noche: Un segundo trabajo que es ilegal:

    La respuesta del Director Kargere pone en evidencia que la funcionaria ha desarrollado un cargo administrativo en esa universidad al tiempo que ejerce como jefa de la cartera de ciencia.

    Olaya se vinculó al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación el 10 de noviembre de 2022 en calidad de Viceministra de Talento y Apropiación del Conocimiento, uno de los dos viceministerios de la entidad.

    Al parecer a la entonces Viceministra le sobraba el tiempo o no le alcanzaba el dinero que recibía por su trabajo puesto que el 1 de febrero se vinculó al Afro-Latin American Research Institute en calidad de asociada.

     

     

    Dicha actividad prestacional continuó después del 1 de mayo de 2023, cuando Olaya ascendió al cargo de Ministra y se extendió hasta el 31 de enero del 2024. En ambos casos, la prestación de servicios profesionales en el Instituto de Harvard es legalmente incompatible con las funciones de ministra o viceministra.

    Conforme al ordenamiento jurídico colombiano, los cargos ministeriales son de naturaleza de dirección, manejo y confianza y se proveen mediante la modalidad de libre nombramiento y remoción.

    Quienes ejercen este tipo de cargos deben garantizar una confianza superior a la normal que debe proyectar cualquier otro funcionario, así lo expresó la Corte Constitucional en Sentencia C-514 de 1994. 

    Además, por la misma razón de confianza la Corte aclaró que este tipo de cargos no están sujetos a la jornada laboral ordinaria (Sentencia C-372 de 1998). Postura que respalda la Función Pública en el CONCEPTO 104571 DE 2013).

    Ahora bien, la Función Pública (CONCEPTO 147941 DE 2016) contempla que si bien un funcionario público puede tener un segundo trabajo en una entidad privada, no puede desarrollar sus obligaciones durante la jornada laboral del cargo público.

    Sin embargo, una ministra ejerce un cargo de dirección, manejo y confianza que no se sujeta a la jornada laboral ordinaria y, por tanto, ejerce la función pública en todo momento.

    Claro, la Ministra tiene derecho a descansar, pero si la llaman a las 11 pm para resolver algún asunto ministerial debe atender. Bueno, si es que no está trabajando para Harvard.

    Aunque no hay antecedentes judiciales semejantes a este caso, a la ministra le es jurídicamente prohibido desarrollar funciones como funcionaria de cualquier entidad pública o privada a la vez que ejerce como jefa de su cartera.

    Consultamos a Harvard para saber si Olaya percibió salario u honorarios por la vinculación que tuvo con el Instituto entre 2022 y 2023. Desafortunadamente dicha información se encuentra protegida por la legislación estadounidense dado que es del resorte personal. 

    Pero vale la pena que la Ministra le aclare al país:

    • ¿Su relación prestacional o laboral en Harvard mientras era Ministra era paga? 
    • ¿Por ser Ministra de día y asistente administrativa en Harvard de noche es que la funcionaria no le cumple a la ciencia colombiana?

    Otras mentiras en su experiencia docente:

    Yesenia Olaya no sólo inventó experiencia docente en Harvard, también sobredimensionó en más de 4 años su experiencia docente en: i) la Universidad Nacional Autónoma de México; ii) la Universidad de Magdalena y; iii) en la Pontificia Universidad Javeriana.

     

    Universidad Tiempo que reporta Tiempo certificado Sobredimensión
    UNAM* 3 años, 5 meses, 7 días 7 meses y 25 días 2 años, 10 meses y 18 días
    Universidad Nacional de San Martín 1 año y 9 meses 1 año y 9 meses 0
    Universidad de Magdalena 7 meses 12 horas equivalentes a 1,5 días 6 meses y 28 días
    Universidad Javeriana 7 meses y 25 días 90 horas equivalentes a 11,25 días 7 meses y 13 días
    Harvard** 363 días 363 días
    Total: 5 años, 8 meses 2 años, 5 meses, 12,75 días 4 años y 26 días
    *HOJA DE VIDA 1 presentada para ser viceministra. En la HOJA DE VIDA 2 corrigió la información.
    ** Harvard: no es docencia por lo que no puede ser computable.

     

    Detalles de la sobredimensión de experiencia por universidad

    1. Universidad Nacional Autónoma de México: Desmiente a la Ministra en su Hoja de Vida 1.

     

    2. Universidad Nacional de San Martín: Sin inconsistencia.

    1.  

    3. Universidad del Magdalena: certifica horas, no 7 meses

     

    1.  

     

    4. Universidad Javeriana: certifica que la información no corresponde y que no fue docente durante el primer semestre de 2021.

    1.  

    En la Hoja de Vida que reposa en el SIGEP la Ministra registró que fue docente de postgrado durante el primer semestre del 2021.

     

     

    La Javeriana ACLARA que en el primer semestre de 2021 Olaya no dictó clases en postgrado. También CERTIFICA labores en tiempos que no corresponden a los registrados por la Ministra en su hoja de vida.

     

     

    Resulta aún más escandaloso que la certificación laboral que subió la Ministra al SIGEP de esta Universidad no la expidió la oficina de Gestión Humana, sino que fue María Camila Díaz Casas, a quien luego premió nombrándola en el Viceministerio de Talento y Apropiación Social del Conocimiento. Díaz es la alta funcionaria del Ministerio que más ha durado en el cargo, desde julio de 2023, a la fecha y aparece como fiadora de la vivienda de la Ministra.

     

     

    La experiencia laboral de la Ministra tampoco se registra de manera correcta en el SIGEP.

     

    Inicio Fin Entidades que incluye
    6 de diciembre de 2018 31 de octubre de 2022 UNAM: docenteHarvard: laboral  U San Martín: docenteU Magdalena: docenteJaveriana: docente
    1 de noviembre 2022 9 de noviembre de 2022 No tuvo trabajo alguno.
    10 de noviembre 31 de abril Viceministra de Ciencias: laboral
    Reporta: 8 años y 3 meses  
    Certificado:
    (Decreto 10853/2015)
    4 años, 4 meses y 15 días  
    Sobredimensión 3 años y 11 meses  

     

    ¿Cómo calculamos la experiencia laboral de la Ministra?

    Conforme al artículo 2.2.2.3.8 del Decreto 1083 de 2015 el tiempo de experiencia se certifica sin sumar aquellos trabajos que son simultáneos: “Cuando la persona aspire a ocupar un cargo público y en ejercicio de su profesión haya prestado sus servicios en el mismo período a una o varias instituciones, el tiempo de experiencia se contabilizará por una sola vez”

    El mismo artículo aclara que si la jornada laboral que se certifica es menor a 8 horas diarias, esta deberá ser calculada “sumando las horas trabajadas y dividiendo el resultado por ocho (8)”.

    La Constitución Política dice que para ser ministra sólo se requiere nacionalidad colombiana y tener más de 25 años. Por tanto, nadie requiere acreditar experiencia profesional o académica para ejercer un cargo ministerial.

    Sin embargo, Yesenia Olaya sobredimensionó sus méritos académicos y profesionales en la hoja de vida que presentó para ejercer, primero como viceministra y luego, como Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación. Una maquillada a la hoja de vida absolutamente innecesaria y muy cuestionable en la academia.

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  • Plata de MinCiencias está financiando proyectos de joyería, carpintería y comida: Pedraza

    Plata de MinCiencias está financiando proyectos de joyería, carpintería y comida: Pedraza

    La representante a la Cámara, Jennifer Pedraza, citó a la ministra de Ciencias, Yesenia Olaya, a un debate de control político en el Congreso.

    Por Jennifer Pedraza
    22 de marzo de 2024

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    Ocho meses después de que Sigue La W revelara denuncias de acoso laboral de funcionarios y contratistas en contra de la ministra de Ciencias, Yesenia Olaya, siguen saliendo personas de la entidad insistiendo en un ambiente laboral hostil, sin que haya un pronunciamiento por parte del Gobierno.

     

    Sigue La W advirtió incluso el fallecimiento de la funcionaria Elizabeth Orjuela por posible estrés, después de una semana con una carga laboral intensa y desbordada, según sus compañeros de trabajo, y luego de haberle presentado a la propia ministra su carta de renuncia.

     

    “Ella tenía una responsabilidad muy grande porque era la directora para la Gestión de Recursos de Ciencia, Tecnología e Innovación del MinCiencias. Hemos documentado más de 30 casos en los que se advierte acoso laboral”, aseguró Jennifer Pedraza.

     

    Por esta razón, la representante a la Cámara de Dignidad, citó a la funcionaria a un debate de control político.

     

    “En solo diez meses de gestión, la ministra de Ciencias, Yesenia Olaya, ha realizado 33 cambios. Además, muchos de los testimonios de trabajadores revelan un ambiente de acoso laboral y cartas de renuncia mencionan impacto sobre la salud mental”, aseguró la congresista.

     

    Pedraza también busca que la ministra responda por una baja ejecución presupuestal.

     

    “De la plata de regalías han ejecutado el 5% cuando ya ha pasado el 66% de la vigencia fiscal en la que deberían ejecutar la plata, así que aquí hay una falta muy evidente de ejecución en Ciencia”, afirmó la representante.

     

    Jennifer Pedraza advirtió que sobre el presupuesto hay una denuncia aún más grave, pues el dinero destinado para la Ciencia se estaría gastando en proyectos no científicos sino de emprendimiento, como iniciativas de carpintería, joyería, comida, entre otros.

     

    “Criticamos a anteriores gobiernos por gastar la plata de la ciencia en spa de uñas, en panaderías, en pollerías, y en este Ministerio en la convocatoria de Jóvenes de Ciencia para la Paz, hemos encontrado unos proyectos que no tienen nada que ver con ciencia ni tecnología, por supuesto, está muy bien que el Gobierno financie estos proyectos a través de entidades como el Ministerio de Igualdad, el SENA (…) pero es que acá lo que están haciendo es coger la plata de la ciencia, de la investigación y de la tecnología, para financiar proyectos como por ejemplo ‘rellenitas, arepitas de mi tierra, Borojó, micheladas, joyería, carpintería, aguardientes artesanales’, un montón de proyectos y de iniciativas que no tienen que ver con la ciencia”, advirtió Jennifer Pedraza.

     

    El debate fue cancelado por la Comisión IV de la Cámara porque su presidente Juan Loreto estaba en La Guajira, sin embargo la representante Jennifer Pedraza pidió su reprogramación urgente.

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  • La burbuja fría

    La burbuja fría

    Gustavo Guevara Pardo

    7 de febrero de 2022

    Parte de la grandeza del conocimiento científico está en su capacidad de dar una explicación verdadera de la realidad en todos sus niveles: desde los grandes conglomerados de galaxias, hasta los cuarks, electrones y fotones. Cada rama del árbol de la ciencia estudia un conjunto particular de fenómenos y el conocimiento así obtenido se puede utilizar para desarrollar tecnologías que benefician a la humanidad.

    Entre las células que fluyen por el torrente sanguíneo están los glóbulos blancos o linfocitos, que carecen de hemoglobina, la molécula que da el color típico a los eritrocitos o glóbulos rojos. 

    Hay dos clases de linfocitos: B y T que, mediante tácticas diferentes, participan activamente en la defensa del organismo contra todo lo que pueda dañarlo: agentes infecciosos como virus, bacterias, hongos y otros bichos microscópicos, moléculas nocivas, células tumorales, etcétera. 

    Cuando los linfocitos no funcionan como debe ser, al cuerpo le pasan cosas muy desagradables que pueden llegar a ser mortales. Tal es el caso de un grupo de anomalías genéticas agrupadas bajo el nombre de Síndrome de Inmunodeficiencia Combinada Severa (SCID, por sus siglas en inglés), por las que el individuo se queda sin armas para combatir la más simple infección; los diferentes tipos de SCID dependen, básicamente, de un gen anormal. Sin tratamiento adecuado, el organismo es víctima de múltiples infecciones que llevan a la muerte del paciente antes del primer año de vida.

    El SCID hace parte de las llamadas “enfermedades raras” y afecta a los “niños burbuja”, denominados así porque para sobrevivir tienen que aislarse del mundo exterior y vivir encerrados, presos, en una burbuja plástica. David Vetter, uno de esos niños, inspiró la película de 1976, El muchacho de la burbuja de plástico, protagonizada por John Travolta. 

    David vivió años en una burbuja plástica esterilizada y solo pudo salir de su casa cuando la NASA le confeccionó un traje especial que lo mantenía aislado. El niño falleció en 1984 a los 12 años de edad por las complicaciones que le generó un trasplante de médula ósea. El gen causante del SCID se ubica en el cromosoma X. Por tanto, es transmitido por la madre (XX), pero la enfermedad se manifiesta principalmente a los varones (XY). 

    Mientras se logra tener un donante compatible de médula ósea (generalmente muy difícil de encontrar), el tratamiento inicial de este mal consiste en el uso de antibióticos, inyecciones de inmunoglobulina (mezcla de anticuerpos) y ocasionalmente transfusiones de sangre, pero son terapias que no generan gran eficacia para controlar el síndrome. 

    Inclusive con el trasplante de la médula ósea hay el riesgo de generar rechazo inmunitario, lo que termina afectando a otros órganos del cuerpo. La llamada terapia génica ha venido a brindar una opción más segura con la posibilidad de una curación permanente, dándole un adiós definitivo a la burbuja fría. 

    La inmunodeficiencia de algunos de los “niños burbuja” está relacionada con el funcionamiento deficiente de una proteína llamada Artemis, que en condiciones normales juega un papel importante en la regulación del sistema inmune; la proteína se ensambla bajo la dirección de un gen particular; cierta forma del SCID se asocia con daños (mutaciones) en dicho gen, formándose una Artemis defectuosa que conduce a la producción de linfocitos B y T que son ineficientes a la hora de cumplir su función defensiva. 

    Además, los niños que tienen la mala suerte de tener esa proteína anómala no responden bien al trasplante de médula ósea, por lo que la terapia génica se convierte en un tratamiento esperanzador.

    Un avance significativo en el manejo del mal inmunológico causado por la Artemis anormal acaba de lograrse mediante un tratamiento de terapia génica llevado a cabo en la Universidad de California-San Francisco, cuyos resultados fueron presentados en la revista The New England Journal of Medicine

    El tratamiento se aplicó a diez niños que portan el nefasto trastorno genético: nueve nacidos en Estados Unidos y uno en Canadá. Cuatro de los estadounidenses pertenecen a la etnia Navajo y Apache, donde el gen deficiente es muy común. 

    El procedimiento consistió en tomar células madre productoras de linfocitos B y T que se modificaron genéticamente en el laboratorio para inyectarles el gen normal de la proteína Artemis, procedimiento que se logró valiéndose de un virus particular llamado lentivirus. 

    Tras inocular en los niños sus propias células madre modificadas con la terapia génica se encontró que, tras un tiempo, todos producían linfocitos normales, es decir, las células eran capaces de combatir procesos infecciosos o enfrentar la entrada de moléculas extrañas. 

    Los niños empezaron a llevar una vida completamente normal: juegan, corretean, gritan, hacen pataletas, lloran, abrazan a sus amigos, piden helado…ya no tienen necesidad de ser encerrados en la cárcel de plástico, desnudos, sin límites a su libertad, aunque habrá que seguir monitoreándolos para asegurarse que sanaron completamente y que no aparezcan efectos adversos inesperados.

    Esta maravilla tecnológica empezó a fraguarse con la investigación del ácido desoxirribonucleico (ADN) en la década de 1940, que permitió primero entender su función y, después, en la de 1950, descubrir su estructura. 

    Ojalá Colombia no siga siendo el espectador que desde la orilla del camino de la ciencia aplaude y admira lo que investigadores en otros países logran alcanzar. En tiempos de promesas de cambio, es absolutamente necesario que el Estado apoye de manera efectiva la ciencia y tecnología nacionales, que no sea otra promesa que solo sirvió para ganar votos en la carrera hacia el Palacio de Nariño. 

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  • Sobre la ciencia hegemónica

    Sobre la ciencia hegemónica

    Bernardo Useche

    24 de julio de 2022

    Sigue a Bernardo Useche en sus redes sociales

    Un grupo de académicos del Pacto Histórico presentó a manera de propuesta interna un documento para reformar el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Ministerio de Ciencias. Se postula, también, un nuevo modelo de democracia multicultural para el país, con eje en la filosofía del buen vivir. Es un documento breve pero ambicioso en sus propuestas, que reabrió un viejo debate sobre la relación entre ciencia e ideología y su papel en el desarrollo de las naciones. 

    Uno de los planteamientos centrales es el de la necesidad de rechazar la ciencia hegemónica que han establecido los países poderosos del norte sobre los del sur. Al hacerlo retoman en filosofía de la ciencia el enfoque de las tendencias intelectuales del postmodernismo y el constructivismo social y, en política, las novísimas teorías que proponen “Descolonizar el saber, reinventar el poder” (ver enlace aquí). 

    Acusan a la ciencia hegemónica de hacer daño a la naturaleza y a la sociedad y buscan bajarla del pedestal en el que se encuentra, mediante la relativización del conocimiento científico. En el trasfondo de su argumentación se encuentra el desconocer la objetividad de las ciencias y el asumir la imposibilidad de desentrañar las leyes que rigen el universo, la naturaleza y la sociedad. Con estos supuestos, terminan por negar el papel de la ciencia y la tecnología como motores fundamentales en el desarrollo económico, social y político de los países. 

    Igualmente, plantean que es similar la validez del conocimiento aportado por la investigación científica y del hasta ahora no reconocido conocimiento ancestral que los pueblos han acumulado durante generaciones y que tan valioso les ha sido en el diario vivir. Ciertamente, el conocimiento tradicional ha resuelto problemas de sus pueblos y comunidades. Admirable, por ejemplo, en salud, el manejo de plantas medicinales, y en agricultura, los sistemas de riego y el cultivo en terrazas de comunidades precolombinas. Sin embargo, los dos tipos de conocimiento son diferentes y no debieran compararse. Mucho menos intercambiarse.

    En lo político subyace la idea de que la opresión sufrida por mujeres, etnias / razas y minorías sociales diversas se reparará cuando representantes de sus culturas y sabiduría obtengan participación en la estructura administrativa gubernamental, a nivel nacional y especialmente a nivel territorial o local. Desde allí, los diálogos de saberes y la acción de las comunidades contribuirán a la conservación de la naturaleza, a combatir el cambio climático y al buen vivir.  

    2

    El desarrollo tecnológico y científico está determinado por el modelo económico que predomina en una sociedad. Así, en el nacimiento del capitalismo, el comercio demandó mejorar el transporte marítimo, lo que a su vez requirió de la generación de conocimiento en áreas de la ciencia como la hidrostática y la hidrodinámica. 

    La globalización neoliberal, en la que predominan los monopolios en la producción y en el comercio internacional, ha demandado de Estados Unidos y demás potencias económicas la convergencia de nanotecnología, informática y biotecnología, entre otras, generando en consecuencia un conocimiento científico muy avanzado en las distintas ciencias naturales. Tecnologías y conocimiento cuyo control se reservan para sí las grandes corporaciones, por medio de legislación en propiedad intelectual, el secreto industrial, patentes y múltiples mecanismos más. 

    Por el contrario, empobrecidos y sometidos a la desindustrialización y al retroceso de la producción agrícola, por medio principalmente de Tratados de Libre Comercio, los países con gobernantes condescendientes con esta modalidad de economía de libre mercado no hacen esfuerzo alguno por desarrollar la ciencia. ¡Qué diferencia con Corea del Sur! Nación que, como consecuencia de la decisión gubernamental de industrializar el país, tomada en los 1960s, pasó en tres décadas de ser “tierra estéril” para la ciencia y la tecnología a convertirse en un líder mundial.

    3

    En las ciencias sociales, especialmente en antropología y sociología, el planteamiento de la ciencia hegemónica ha contado con terreno abonado. Los filósofos de la denominada Escuela de Frankfurt fueron de los primeros en desplazar del ámbito de lo económico las relaciones de dominación entre los países, al argumentar que es en la cultura y en el pensamiento científico donde se concentra la hegemonía de los países más poderosos. 

    Hoy, los teóricos de la ciencia hegemónica sostienen que existe un imperialismo académico impuesto principalmente por Estados Unidos, Francia e Inglaterra, “los poderes contemporáneos en las ciencias sociales” (ver enlace aquí). Imperialismo académico manifiesto en el número de programas, la generosa financiación que reciben sus proyectos de investigación, la cantidad de publicaciones, el prestigio de los investigadores y la capacidad para hacer llegar sus teorías a los países de la periferia. 

    Paradójicamente, como lo explica en detalle Pierre Bourdieu (ver enlace aquí), este imperialismo cultural incluye el exportar a nuestros países —desde los círculos intelectuales ingleses, franceses y de otros países europeos, y muy especialmente desde los centros de estudio sobre las minorías sociales en las universidades norteamericanas—, la ideología misma de la ciencia hegemónica. 

    En Estados Unidos son numerosos los programas y centros de estudio que promueven las mismas tesis del documento citado del Pacto Histórico. Son miles los científicos sociales que trabajan en programas académicos tales como “African American Studies”, “Women´s and Gender studies”, “Latin American Studies”, “Climate Change Studies”, “American Indian and Ethnic Studies”… 

    Mientras que en las ciencias naturales la validez del conocimiento se pondera por su utilidad en controlar las leyes de la naturaleza para resolver problemas —por ejemplo, cómo lanzar y poner a 1 millón 500 mil kilómetros de distancia del planeta Tierra, y orbitando alrededor del Sol, el telescopio espacial James Webb—, en las ciencias sociales predomina el componente ideológico —por ejemplo, “…las soluciones modernas propuestas por el liberalismo y también por el marxismo ya no sirven” (Boaventura de Sousa Santos)—.

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    Un amigo científico hizo el siguiente comentario sobre esta discusión: “Necesitamos que la ciencia se ponga al servicio de la nación. Eso es lo único. Que nos pongamos a investigar nuestros problemas y que desde la investigación científica surjan soluciones. Que MinCiencias deje de ser un ministerio de papel y que además de buen presupuesto tenga gente buena en los diferentes temas”.

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  • ¡Por más mujeres y niñas en la ciencia! Rompamos las barreras

    Bogotá, 11 de febrero de 2021.

    Laura Torres Romero

    Licenciatura en Biología, Universidad Pedagógica Nacional de Colombia

    Este año se cumplen seis años desde que se estableció el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esta fecha cobra relevancia cuando se echa un vistazo a las desalentadoras cifras de las mujeres en los campos STEM, (por sus siglas en inglés: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y el lamentable papel que le asigna el Gobierno Nacional a la ciencia en Colombia.

    Según un estudio de ONU mujeres (2020), para  julio de 2019 el promedio mundial de investigadoras era de solo 29,3%, apenas el 3% de los premios nobel en ciencias había sido entregado a mujeres y de cada 100 estudiantes que estaban cursando carreras STEM a nivel mundial, tan solo 35 eran mujeres. Este último dato corrobora la existencia de una marcada segregación horizontal que es alimentada, entre otras,  por estereotipos de género según los cuáles las mujeres no poseen las “habilidades y talentos naturales -inherentes a los hombres-” para las ciencias.

    Otro hecho que llama la atención es que la brecha de género aumenta en los niveles más altos de las carreras profesionales. La segregación vertical se traduce en que hay menos mujeres con doctorado, que las publicaciones escritas por mujeres son menos citadas que las publicadas por hombres o que apenas el 27,8% de las patentes desarrolladas en América Latina y el Caribe, incluyen al menos a una mujer inventora[1].

    Aunque ser mujer en los campos STEM es un reto en sí mismo, el panorama puede agudizarse aún más, si se vive en un país en el que no se financia adecuadamente a la ciencia. Según el mismo estudio mencionado anteriormente, en los países que más se invierte en I+D (investigación y desarrollo), en relación con el PIB, se presentan menores niveles de desigualdad de género que en otros países. Esto es particularmente indignante si se tiene en cuenta que para 2021 en Colombia, la ciencia representa el 0,039% del PIB.

    Es una necesidad que luchemos con determinación para eliminar las barreras socioculturales, económicas, institucionales y políticas a las que se enfrentan las mujeres desde la primera infancia y en el transcurso de su vida académica y laboral para acceder, mantenerse y avanzar en el ámbito científico. Una de las formas de luchar contra esta desigualdad es reconocer y divulgar el trabajo de científicas del pasado y del presente, que fueron y son invisibilizadas sistemáticamente. Se debe estimular y promover el interés de las niñas por la ciencia y jamás volver a reforzar los estereotipos de género que les arrebata los sueños de adelantar una carrera científica. Es indispensable avanzar en la redistribución de las tareas de cuidado que históricamente han recaído sobre las mujeres[2]. Finalmente, es preciso exigir al Gobierno Nacional que le otorgue a la ciencia, el papel preponderante y estratégico que supone la ciencia en el progreso de las naciones, así como financiación digna que contribuya a cerrar la marcada  brecha de género.

    [1] ONU mujeres 2020
    
    [2]www.elespectador.com/noticias/ciencia/el-covid-19-ha-acentuado-la-brecha-de-genero-en-la-ciencia/&sa=D&source=editors&ust=1613014298406000&usg=AOvVaw3cw6U8-jITIinuoywPwAdK

     

    Referencia bibliográfica:

    ONU Mujeres (2020). Informe Regional Las Mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en América Latina y El Caribe. Disponible en: https://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20americas/documentos/publicaciones/2020/09/mujeres%20en%20stem%20onu%20mujeres%20unesco%20sp32922.pdf?la=es&vs=4703